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La aprensión social ante el nuevo etiquetado

Ciudad de México. Seguramente usted ya habrá percibido la aparición del nuevo etiquetado de productos (alimentos y bebidas) no alcohólicos que vienen preenvasados. Por ser algo novedoso, estas nuevas leyendas han logrado que más de alguno nos quedemos por un instante en una especie de trance dubitativo que hace nos titubear sobre la adquisición de dichos productos, aun y cuando estos hayan estado siempre incluidos en nuestra lista de compras.

De entrada, este simple hecho de reflexión es ya un logro atribuible a estas nuevas disposiciones sanitarias; sin embargo, las costumbres alimenticias y la dependencia metabólica que hemos desarrollado por años hacia determinados productos, particularmente hacia aquellos con un alto contenido en azúcares y grasas, es algo que no podrá modificarse con un simple octágono negro de advertencia. Recordemos que tanto las reformas a la Ley de Salud Federal como la modificación a la Norma Oficial Mexicana 051 (NOM-051-SCFI/SSA-20109), tienen un marcado antecedente en la experiencia de un país sudamericano como Chile, donde en el 2015 se publicaron cambios a su Reglamento Sanitario de Alimentos, lo que finalmente propició reformas a su famosa Ley 26.606 sobre la Composición de Alimentos y su Publicidad. Los cambios introducidos a dicha legislación iniciaron su vigencia en el 2016, donde al igual que lo que hoy sucede en nuestro país, comenzaron a aparecer sellos en múltiples productos advirtiendo un exceso en contenido de calorías, azúcares, sodio y grasas saturadas.

Con estos antecedentes y al igual que otros países de Latinoamérica como Perú y Uruguay, en México se adoptaron y adaptaron las disposiciones aplicadas en Chile. De este modo, el 8 de noviembre del 2019, se publicaron en el DOF una serie de reformas a la Ley de Salud, mediante las cuales se dio paso a un amplio proceso de análisis y consulta en materia de publicitación y etiquetado de alimentos, que terminó finalmente por modificar en marzo de este año la referida NOM-051. En nuestro país, el nuevo etiquetado utiliza el mismo diseño frontal (octágono negro) que introdujo el Ministerio de Salud de Chile, salvo una diferencia de tipo semántico donde se sustituyó la palabra “ALTO” por la de “EXCESO”.
Además, se agregaron otras advertencias para el caso de contenido de edulcorantes y cafeína (para consumo infantil), así como una más para las ya muy conocidas grasas trans, las cuales son el tipo de grasa más perjudicial debido a su procesamiento industrial, y que encontramos como aceites parcialmente hidrogenados en infinidad de productos que consumimos.

Estas nuevas disposiciones de etiquetado, si bien comenzaron a aplicarse a partir del primero de octubre de este 2020, su aplicación será en tres fases y de manera progresiva, tanto en una especificidad más estricta de los criterios que determinarán en los alimentos la cantidad de ingredientes perjudiciales, como en su consideración total, es decir, sin importar si dichos ingredientes han sido añadidos o vienen de forma natural en la materia prima.

Así es que muy probablemente, dentro de muy poco, prácticamente la mayoría (entre el 85% y 90%) de los productos que adquirimos contengan por lo menos uno de estos sellos negros, con el agregado de que aquellos que los contengan no podrán respaldar o darle un plus a su valor nutrimental con el aval de prestigiadas instituciones o asociaciones dedicadas a la salud. Del mismo modo y con el fin de que las marcas comerciales hagan un esfuerzo por reducir los estándares internacionales de ingredientes nocivos como azúcares o grasas por gramo o mililitro, a partir del primero de abril del 2021 entrará la etapa de regulación publicitaria, particularmente la que va dirigida al segmento infantil.

En virtud de lo anterior y considerando entonces que será muy difícil encontrar productos sin alguno de estos sellos, el riesgo que se corre es que con el tiempo, estas nuevas y antiestéticas etiquetas lleguen a verse como algo cotidiano y la gente empiece a ignorar su advertencia, algo así como lo que ha ocurrido con la información nutrimental tradicional que hoy casi nadie lee. En contraparte, estos sellos no deben tampoco generar una aversión que estigmatice al producto, pues recordemos que los famosos sellos son hasta cierto punto confusos por su estandarización, la cual en muchos casos sanciona un exceso de ingredientes nocivos pero sin discriminar su parte proporcional. El nuevo etiquetado es bueno y bien intencionado, pero al parecer su falta de socialización ha propiciado desinformación, confusión y aprensión por parte de la población.

Fuente:https://www.debate.com.mx/opinion/Gabriel-Yanez-Perez-La-hoguera-La-aprension-social-ante-el-nuevo-etiquetado-20201116-0307.htm

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